La gastronomía peruana es considerada como una de las más diversas del mundo; esto se debe en gran medida a su inmensa variedad de climas y productos, así como a las poderosas fusiones que han resultado de su historia. En ella se expresan simultáneamente la riqueza de su origen inca, cada una de las formas culturales de sus regiones, la productividad y variedad de sus tierras y los productos y técnicas venidos del exterior.
Esta cocina se basa principalmente en la fusión inicial de la culinaria del antiguo Perú con la cocina española, sobretodo la influenciada por la presencia morisca. Así también hubo un importante aporte de las costumbres culinarias traídas del África subsahariana por los esclavos, especialmente referidas a la condimentación de los platos (anticucho, tacu-tacu, humita, sango, etc.). Posteriormente, este mestizaje se vio influenciado por la culinaria de los cocineros franceses, que huyendo de la revolución en su país, se radicaron en la capital del Virreynato del Perú.
De igual trascendencia fue la influencia de las inmigraciones del siglo XIX, que incluyó por un lado chinos cantoneses y japoneses, quienes popularizaron el arroz, aprovecharon pescados y mariscos para preparar sus platos e introdujeron productos como el sillao, el tausí, el mensi, el aceite de ajonjolí y el kión (jengibre), así como también italianos, quienes introdujeron hortalizas tales como acelga, albahaca, betarraga (remolacha), coliflor, brócoli y espinaca en preparaciones como los fideos verdes –una versión del pesto de Liguria–, el menestrón, la pizza y el popular panetón.
El resultado de esta historia llena de encuentros y adaptaciones es una cocina compleja, muy rica, diversa tanto en sus productos como en sus técnicas, la cual en los últimos años está empezando a ser conocida y reconocida en el mundo entero.

